Liderazgo 3.0

Liderazgo 3.0, la transformación de la empresa tradicional

Según un estudio publicado por nuestro equipo de Openmet People, el líder 3.0 debe poseer, capacidades poco valoradas hasta ahora, como crear, gestionar y organizar el trabajo para aprovechar al máximo el tiempo. La cultura paternalista desaparece de las nuevas estructuras para dejar espacio a un nuevo perfil de liderazgo para la nueva transformación de la empresa tradicional.

Artículo publicado en la Razón por Rosa Carvajal (domingo, 7 de Diciembre de 2014)

El Liderazgo de orden y mando está completamente «demodé» como dirían los franceses. Lo que se estila ahora es el «laisser-faire» lo que en román paladino significa «dejar hacer» conocido también como «liderazgo 3.0». Así se desprende de un estudio realizado por la consultora Openmet People sobre las competencias más deseadas en los directivos y mandos intermedios de las empresas españolas. Según este informe, realizado entre más de 50 empresas de diversos sectores, las compañías apuestan por gestores de equipos que apoyen un liderazgo más colaborativo y participativo.

El perfil ideal que buscan en la actualidad las compañías nacionales es el de una persona organizada y eficaz, que tenga dotes de comunicación para guiar y delegar en su equipo, que sepa gestionar las prioridades con orientación a logros y objetivos y que conozca cómo marcarlos y cumplirlos. En este sentido, Iñaki Orbegozo, responsable de la línea de negocio de Openmet, destaca que el jefe debe tener sólo un grado de supervisión. «El estilo de liderazgo ha cambiado, si antes era más paternalista y de órdenes, ahora es más colaborativo», añade este experto.

Según Openmet las empresas procuran que el empleado disponga de más autonomía y flexibilidad para gestionar su trabajo. «La percepción es que con este modelo, la productividad ha aumentado» comenta Orbegozo.

GENERAR MIEDO

El éxito de un buen manager dependerá de cómo haya gestionado ese equipo. » Uno bueno te puede llevar al éxito, del mismo modo que uno desorganizado puede hacer fracasar el proyecto más comercial posible», según las conclusiones del informe. Sin embrago, generar compromiso es más complicado que generar miedo. El líder se hace, sólo unos pocos nacen. En este proceso, el saber organizar el trabajo para aprovechar al máximo el tiempo es una de las cualidades más valoradas y deseadas. Establecer objetivos de forma clara y concisa y tener visión para atender temas urgentes sin perder de vista las tareas a largo plazo, convierte a un líder en un excelente líder. Asimismo un auténtico líder debe mostrar confianza en las capacidades de los miembros de su unidad de trabajo así como evaluarlos periódicamente para poder ofrecerles feedback y de este modo mejorar su rendimientos y el de su equipo.

Santiago García, socio de Jakobsland, señala que el poder está distribuido y el «orden y mando» no funciona. En este sentido destaca que el «líder, lo es en tanto el conjunto de la organización entiende que es quién más valor aporta en dicha posición, por lo que en el momento que surja alguien que pueda añadir más, el anterior deberá dar el paso»

Sobre el perfil del nuevo líder, este experto destaca que «comparte la información y se muestra próximo y accesible». Explica el porqué de sus decisiones, informa tanto de los éxitos como de los fracasos y reconoce sus errores. Desafía a la organización para que elimine cualquier obstáculo que dificulte la comunicación, y para que se abra al mundo.

TAREA COMPLICADA

Sergio Hinchado, senior manager de Hays para Life Sciences, considera que «hoy ser capaz de liderar equipos con éxito es más difícil que nunca». En su opinión, las facetas que componen el perfil ideal del líder del S. XXI son: capacidad de comunicación, que ahora debe ser bidireccional. Debe expresar claramente sus ideas e instrucciones, lograr que su gente le escuche y las entienda, y también debe saber escuchar y tener y tener en cuenta lo que su equipo le expresa.

Un buen manager debe ser un maestro de la inteligencia emocional, saber manejar los sentimientos y emociones propias y de los demás, y discrimar entre ellas, y utilizar esta información para guiar el pensamiento y la acción.

«Los sentimientos mueven a la gente, sin inteligencia emocioanl no se puede ser líder» asegura Hinchado. Sin una meta clara, ningún esfuerzo será suficiente.

Por eso el buen líder, tiene que saber establecer metas congruentes con la capacidad del grupo. «De nada sirve establecer objetivos, que no se pueden cumplir» apunta Hinchado. También debe tener capacidad para crecer. Un buen líder crece y hace crecer a su gente, delega funciones y crea oportunidades para todos.

 

 

 

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